Con estas palabras no pretendemos explicar ni suplantar el Evangelio diario, sino dar pautas para contemplar esta lectura, sabiendo que lo fundamental es leer, saborear y gustar internamente el Evangelio, descubriendo más hondamente como es el Señor.
Domingo IV del Tiempo de Cuaresma.
Lecturas: Lc 15, 1-3. 11-32.
Está parábola es entrañable. La podemos leer, releer, releer, y siempre podemos quedar admirados de la figura del Padre. Alguien siempre admirable que desborda amor.
Me gustaría fijarme hoy en dos cuestiones de este texto.
Lo primero en algo que se dice de Jesús: «ese se junta…» . Si, hablan y murmuran de Jesús, pero ¿nosotros no murmuramos de aquellos que nos rodean? ¿reconocemos lo bueno que hacen los otros? Efectivamente, el Señor se junta con todos, sin pararse a pensar si son o no recomendables… El Señor no hace acepción de personas.
Y lo segundo donde hoy me podría parar a pensar es en los «movimientos» que hace el Padre: se acerca corriendo al hijo pequeño, sale fuera de la casa a convencer al mayor: deja atrás su orgullo; llena a uno de besos, y al otro le invita a participar de la fiesta. Deja de ser la autoridad para demostrar su amor, e invitar a vivir el amor. Un padre que ama sin condiciones.
Hoy podemos contemplar así al Señor Jesús: el que ama y acoge a todos, que nos revela a un Padre que desea, simplemente, amar.
Estemos con Él.
José Luis, vuestro Párroco