Con estas palabras no pretendemos explicar ni suplantar el Evangelio diario, sino dar pautas para contemplar esta lectura, sabiendo que lo fundamental es leer, saborear y gustar internamente el Evangelio, descubriendo más hondamente como es el Señor.
Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (Ciclo C).
Lecturas: Lc 21, 5-19.
¿Donde está puesto nuestro corazón? ¿En la belleza de las cosas efímeras, aunque sean sólidas como la piedra? Ante la admiración por la belleza del templo, Jesús nos remite a la pregunta anterior: Él tiene su corazón puesto en el Padre.
Después nos remite a dos actitudes, que Él vive profundamente: el discernimiento y la confianza. En mitad de un mundo que no acepta el proyecto del Reino, tengamos confianza. En mitad de las dificultades, tengamos confianza. Igual que vivió Jesús.
Y en mitad de las dificultades, pidamos a Dios su espíritu, para saber discernir y así elegir buen, elegir a Dios. También el Señor Jesus tendrá esa actitud del discernimiento.
Hoy ante un Evangelio complejo, podemos contemplar así al Maestro: el hombre que pone su corazón en el Padre, que sabe discernir y confiar.
Estemos con Él.
José Luis, vuestro Párroco
