Con estas palabras no pretendemos explicar ni suplantar el Evangelio diario, sino dar pautas para contemplar esta lectura, sabiendo que lo fundamental es leer, saborear y gustar internamente el Evangelio, descubriendo más hondamente como es el Señor.
Viernes de la V semana del Tiempo Ordinario (Ciclo A).
Lecturas: Mc 7, 32-37.
Me asombra la única palabra que dice hoy el Señor: «ábrete».
Hoy tendríamos que ir leyendo este texto de forma contemplativa: leerlo despacio, saboreando cada palabra, cada situación.
Jesús pasa por la zona norte de Israel y sur de Fenicia. Las zonas más alejadas del templo, de la correcta doctrina. Zonas influidas por el paganismo.
En medio de esta realidad «la presentan y le piden». Y el Señor «hace caso», presta atención. Muy humano, atento a la realidad, a lo que le piden.
Pero también sin buscar lo espectacular ni llamar la atención: le aparta e insiste en que no lo digan a nadie.
Jesús sana y cura, y siente que la fuerza le viene de lo alto, del Padre: mira al cielo.
Hoy podemos ir leyendo este pasaje evangelico, saboreándolo, e irnos metiendo en él, descubriendo al Maestro.
José Luis, vuestro Párroco
