El Tiempo Litúrgico de Adviento

ADVIENTO, Tiempo de esperanza

Adviento quiere decir “venida”; pero: ¿quién viene?, ¿para qué y para quién viene?.

Algunas veces necesitamos pensar  de nuevo en las cosas que ya sabemos: Viene Jesús, el Enviado de Dios, el Salvador.  Por eso, “Adviento”, es igual a esperanza; no esperamos a un Dios sin  rostro, sino que ponemos nuestra confianza cierta de la venida de Aquél, que ya nos ha visitado. Es una esperanza que nos anima a estar vigilantes, atentos, preparados: en la oración y en la caridad, sabiendo que el Reino de Dios está cerca.

Esperamos a un Dios que tiene rostro; Es el misterio principal del cristianismo, el misterio de la Encarnación, el misterio de Dios hecho Hombre; hombre real de carne y hueso.

El amor a Dios no empieza en nosotros, es Dios quien nos ha amado primero y ha venido a buscarnos, a darnos su amor y su vida para salvarnos y viene otra vez, cada año, con rostro de niño. Podía haber venido con rostro de persona mayor. Pero no, quiso tener nuestra vida completa, igual a la nuestra, menos en el pecado. Viene a la tierra dejando su gloria divina y, también, toda posible gloria humana; es el comienzo de una nueva era de la Humanidad. Dios ya tiene rostro humano y al mismo tiempo, hay un rostro humano que nos da a conocer el rostro de Dios.

Adviento, también es tiempo para hablar con María. Ella es una mujer especial y sus hijos participamos de su belleza y de su gracia.

Adviento es tiempo para acompañar a Nuestra Madre y “ayudarla” a llevar el “peso” de Dios, el peso de Jesús hasta Belén. Es tiempo de confianza con María; es tiempo de alegría junto a la madre del Salvador. Con Ella, aprendemos a llevar el peso de Dios, y de todo lo que eso significa; es lo que Dios ha querido poner sobre nuestros hombros. Con María comprendemos mejor que el yugo de Cristo es suave y la carga ligera: Él la lleva con nosotros.
Es necesario ver esto mismo en el trabajo, en las relaciones familiares, profesionales y sociales. El peso de Dios, que, al llevarlo con Él mismo, resulta más ligero y gozoso. Así vivimos el espíritu de penitencia y purificación.

Adviento es un tiempo de penitencia y conversión; de espera y de esperanza; de solidaridad y de unión. Es el tiempo que nos regala Nuestro Señor para prepararnos a celebrar sus “tres” venidas:
• La primera venida en Belén, hace más de 2000 años;
• la venida de hoy, de cada día, a nuestras vidas;
• su última venida al fin del mundo.

Todos los años, en el tiempo de Adviento,  San Juan Bautista, el precursor, nos dice: “Os traigo una Buena Noticia. El tiempo se ha terminado. El Señor está cerca”. San Juan Bautista, nos invita a preparar una Navidad diferente, para que seamos Servidores del Reino y para que, a través de nosotros, Jesús, pueda nacer en los corazones de todos los hermanos.

Ojalá que en este Adviento, la luz de Jesús brille en nosotros, lo mismo que brilló en tantos santos y bienaventurados, para que podamos ser Luz que guíe el camino de nuestros hermanos.