Con estas palabras no pretendemos explicar ni suplantar el Evangelio diario, sino dar pautas para contemplar esta lectura, sabiendo que lo fundamental es leer, saborear y gustar internamente el Evangelio, descubriendo más hondamente como es el Señor.
Domingo VI del Tiempo de Pascua.
Lecturas: Jn 14, 15-21.
Estamos en el discurso de la sobremesa de la Cena del Señor.
Según leemos este texto evangélico podemos descubrir la íntima comunión entre el Padre, el Hijo y el «otro defensor» el Espíritu de la verdad o Consolador.
Vivir abiertos a Jesús es vivir abiertos al Padre (el mundo es aquello no abierto a Dios), y es sentir su presencia real en nosotros. El Señor nos ama tanto que » no nos deja huérfanos» , sino que nos envía su Espíritu, su propio ser, que hace posible su habitación en nosotros.
Vivir su propio amor es vivir abierto a Él; estoy hace posible su presencia en nuestro ser.
Hoy al leer este texto podemos descubrir la revelación del Dios Unico y Trino que desea estar en nosotros.
Estemos con Él.
José Luis, vuestro Párroco
