Con estas palabras no pretendemos explicar ni suplantar el Evangelio diario, sino dar pautas para contemplar esta lectura, sabiendo que lo fundamental es leer, saborear y gustar internamente el Evangelio, descubriendo más hondamente como es el Señor.
Sábado de la semana XI del Tiempo Ordinario (Ciclo A).
Lecturas: Mt 6, 24-34.
Si nos fijáramos hoy en este texto evangélico descubriríamos un aspecto fundamental en la vida del Señor. Un aspecto que muchos discípulos de Jesús a lo largo de los siglos han descubierto y vivido: poner la vida totalmente en las manos del Padre. Los santos así lo han hecho.
No en plan angelico o buenísmo, sino como actitud fundamental de la vida. Recordemos como el Señor cuando le quieren matar, se marcha del lugar. Busca un sitio seguro. No se expone tonta e ingenuamente.
Sin embargo Jesús se pone en las manos del Padre, y así va a caminar y a vivir. Por ello puede predicar de esta manera, como lo encontramos en este Evangelio.
Hace tiempo, viajaba yo en avión. Pasó por unas turbulencias, con gran temor por parte de muchos viajeros, yo incluido. Y sin embargo, a mí lado iba un hombre mayor muy tranquilo. Musulmán. Me dijo lo que dice Jesús en este texto: «¿quién puede quitar o añadir una hora a mi vida?; nadie, sino Dios».
Hoy podemos leer este texto, y admirar así al Señor: el hombre que se pone del todo en las manos de Dios. Que se pone, y vive en esas manos.
Admiremos, y aprendamos.
José Luis, vuestro Párroco
