Con estas palabras no pretendemos explicar ni suplantar el Evangelio diario, sino dar pautas para contemplar esta lectura, sabiendo que lo fundamental es leer, saborear y gustar internamente el Evangelio, descubriendo más hondamente como es el Señor.
Lunes de la semana XXVII del Tiempo Ordinario (Ciclo A).
Lecturas: Lc 10, 25-37.
Como diría el papa Benedicto: «La parábola del buen Samaritano nos lleva sobre todo a dos aclaraciones importantes. Mientras el concepto de “prójimo” hasta entonces se refería esencialmente a los conciudadanos y a los extranjeros que se establecían en la tierra de Israel, y por tanto a la comunidad compacta de un país o de un pueblo, ahora este límite desaparece. Mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. Aunque se extienda a todos los hombres, el amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora.».
Es decir que Jesús nos plantea que nuestro prójimo es cualquier persona que tiene necesidad de mi, y ante el cual yo no puedo pasar indiferente.
Podemos recordar la parábola del juicio final, Mt 25: el rey rechaza a aquellos que no han hecho nada por el otro, sabiendo además que Él mismo está presente en cada uno de los que sufren. Por ello, el lugar de Jesús en esta parábola está en el hombre herido que nos pide compasión.
Estemos con Él.
José Luis, vuestro Párroco
