Con estas palabras no pretendemos explicar ni suplantar el Evangelio diario, sino dar pautas para contemplar esta lectura, sabiendo que lo fundamental es leer, saborear y gustar internamente el Evangelio, descubriendo más hondamente como es el Señor.
Lunes de la semana XI del Tiempo Ordinario (Ciclo A).
Lecturas: Mt 5, 38-42.
Estamos, creo yo, ante una norma moral increíble.
Unas palabras de Jesús para orar y contemplar. Podíamos orar así:
Señor, me paro ante tu palabra dura y mansa: “No resistáis al que os hace mal”.
Mi primera reacción es defenderme, devolver, poner límites a golpes.
Me cuesta creer que el camino sea ceder la túnica, caminar dos millas, dar también el manto.
Quédate conmigo en este nudo.
No me pides que sea tonto ni que consienta la injusticia.
Me pides que rompa el ciclo.
Que no deje que el mal de otro determine quién soy yo.
Enséñame qué significa en concreto hoy “poner la otra mejilla”.
Tal vez no sea quedarme callado ante todo, sino no responder desde la herida.
Tal vez sea soltar el derecho a tener la última palabra.
Tal vez sea dar algo mío sin esperar que me lo devuelvan, para que el otro se encuentre con algo que no esperaba: gratuidad.
Sana mi orgullo que necesita ganar siempre.
Sana mi miedo a salir perdiendo.
Y muéstrame que cuando Tú lo hiciste en la cruz, no fue debilidad,
fue la fuerza más grande: amor que no se deja vencer por el odio.
Hoy no quiero acumular razones para tener razón.
Quiero parecerme un poco más a Ti.
Aunque me cueste, aunque no entienda el resultado. Amén
Jose Luis, vuestro Párroco
