Con estas palabras no pretendemos explicar ni suplantar el Evangelio diario, sino dar pautas para contemplar esta lectura, sabiendo que lo fundamental es leer, saborear y gustar internamente el Evangelio, descubriendo más hondamente como es el Señor.
Sábado de la VII Semana del Tiempo de Pascua.
Lecturas: Jn 21, 20-25.
Confieso que este fragmento del Evangelio siempre me ha desconcertado.
Una primera lectura puede darme un mensaje de «a ti, a Pedro, que te importa lo que haga este, tú sígueme». Y, es verdad, a veces en nuestras comunidades estamos muy pendientes de lo que hacen los demás.
Pero me quiero quedar en una «segunda lectura»: el Apóstol que tanto es amado por el Señor, que hasta se recuesta sobre su pecho, y que no puede dejar de dar testimonio del gran e intenso amor de Dios… tanto que si se escribieran todas las obras del Señor «no cabrian los libros en el mundo» .
Hoy podemos seguir contemplando al Señor al leer este texto como el hombre que vive de continuo una relación de amor, el Dios que ama y nos pide responder amando. No fijándonos en los demás, sino amando
José Luis, vuestro Párroco
