Con estas palabras no pretendemos explicar ni suplantar el Evangelio diario, sino dar pautas para contemplar esta lectura, sabiendo que lo fundamental es leer, saborear y gustar internamente el Evangelio, descubriendo más hondamente como es el Señor.
Sábado de la semana II del Tiempo de Cuaresma.
Lecturas: Lc 11, 1-3.11-32.
La parábola del Padre Misericordioso nos puede llenar de consuelo.
Si alguna parábola del Señor Jesús nos muestra cómo es Dios, es esta.
El Señor Jesús es un hombre lleno de Dios. Él ha sentido que Dios es un Padre, una Madre, que le ama intensamente, y así lo transmite en este relato tan entrañable.
Si contemplamos la imagen del Padre, auténtico protagonista de la parábola, vemos que se muestra respetuoso, escucha y hace caso; se muestra esperando la vuelta del hijo que se ha marchado; se alegra ante la vista del hijo, tanto que casi no le deja ni hablar; se alegra y monta una gran fiesta; sale al encuentro de quien no quiere entrar; e insiste en alegrarse por el que estaba «muerto», y ha vuelto a la vida.
Jesús vive a este Dios. Nos invita a vivirlo así nosotros.
José Luis, vuestro Párroco
