Con estas palabras no pretendemos explicar ni suplantar el Evangelio diario, sino dar pautas para contemplar esta lectura, sabiendo que lo fundamental es leer, saborear y gustar internamente el Evangelio, descubriendo más hondamente como es el Señor.
Miércoles de la IV semana del Tiempo de Cuaresma.
Lecturas: Jn 5, 19-30.
Estamos ante un texto, para mí, complicado. Pero con gran contenido de revelación. En nuestro camino hacia la Pascua, hoy Jesús se nos revela plenamente unido al Padre.
En el texto se revela el misterio profundo de la relación entre el Padre y el Hijo. Jesús actúa porque está unido al Padre; su obra es la obra misma de Dios. Por eso pienso que en este pasaje se nos ofrece una luz decisiva para comprender la identidad de Cristo y la naturaleza de su misión.
Lejos de disminuir la dignidad e importancia del Hijo, el texto manifiesta la perfecta comunión de amor que une al Padre y al Hijo. En esa comunión se funda la autoridad de Cristo para dar vida y para juzgar. «Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere». Aquí se revela el poder vivificante del Hijo, que no es autónomo ni separado, sino recibido eternamente del Padre.
Según leemos el texto, repito, para mí complejo, vamos descubriendo esa profunda comunión entre el Padre y el Hijo. Y así podemos hoy contemplar al Señor.
José Luis, vuestro Párroco
