Cuida tu corazón

Dentro del Nuevo Testamento nos encontramos con un personaje muy “polémico”… vamos a dirigirnos al Evangelio de Mateo capítulo 26. En él se aborda la historia previa a la entrega de Jesús y a su encuentro con Poncio Pilato. Dentro de este capítulo, vemos como Jesús anuncia su muerte y también les señala ciertas actitudes que tendrían algunos de los mismos apóstoles, actitudes que por cierto no eran muy buenas.

Jesús anuncia su muerte y anuncia que Judas lo iba a entregar, pero también señala a Pedro quién lo iba a negar no una, sino tres veces:

Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.  Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.  MT 26, 34-35

Este apóstol parecía seguro de que el Señor se equivocaba, y afirma que no lo negaría nunca. Luego de que el Señor fue entregado, y llevado por los soldados ante los judíos, en ese ir y venir de Pedro, este se encuentra rodeado de mucha gente, personas que lo increpan diciendo:

Tú también estabas con Jesús el galileo.  Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También este estaba con Jesús el nazareno.  Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.  Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo.    MT 26,69-74

Pedro en ese instante recordó las palabras de Jesús que le había dicho “antes que cante el gallo, me negaras tres veces” (Mt 26, 34). Ahora bien, ante esto Pedro no tuvo otra reacción que esta:
Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.  MT 26, 75; LC 22, 62

¿Por qué existe esta tendencia en los seres humanos de meternos en una rutina en donde las cosas van normal, y se nos duerme el corazón? Frente a esta cuestión nos encontramos en la necesidad de postrarnos ante Su presencia, de abrir el corazón para que Él nos abrace.

Definitivamente Pedro se durmió. Su corazón se encontraba dormido. Pero en esto encontramos la esperanza, que al igual que Pedro, nosotros hemos negado muchas veces al Señor, hemos negado al Señor con alguna mentira, con un mal trato con el prójimo, o bien con situaciones parecidas a estas. Muchas veces como cristianos cuando las cosas se ponen un poco más duras, más difíciles de lo normal, sufrimos la tentación de ocultar que somos testigos, seguidores, discípulos del Señor.

Jesús dijo:  Ustedes son la luz del mundo.   MT 5,14

Entonces… cabe pensar… ¿si somos la luz del mundo por qué hay tanta tiniebla? Reitero: si somos la luz del mundo ¿Por qué hay tiniebla? El hecho esta en que la luz no brilla lo suficiente, porque si somos la luz del mundo debemos brillar más, debemos darle más luz a este mundo. Si somos la luz del mundo tenemos muchas oportunidades de no negar al Señor, y sin embargo no las tomamos, seguimos negándolo como lo hizo Pedro.

Solemos hacer lo que Pedro, y decir “voy a pescar” (Jn 21,3). Hacía tiempo que él caminaba junto a Jesús y no realizaba esta actividad, recordemos que Pedro era pescador. Muchas veces tú y yo hemos negado al Señor, y cuando lo hicimos lo primero que buscamos es volver a hacer lo que nos hace sentir más cómodos. Pedro se encontraba desilusionado con él mismo de una manera en la cual no podía explicarlo, por eso la Palabra dice que “lloró amargamente” (Mt 26, 75; Lc 22, 62). El enemigo hará cualquier cosa para hacer que vuelvas a tu zona de confort, para que te sientas cómodo, para que no pelees, para que no confrontes con lo que te cuesta, porque así dice la Palabra: “Vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (I Pedro 5:8). Pero Jesús tenía otros planes para Pedro.

Reflexionemos un minuto: ¿Tú crees que a Jesús le tomo por sorpresa que Pedro lo haya negado?; ¿Crees que a Dios le tomó por sorpresa el error que Ud. cometió? ; ¿Crees que Dios se arrepintió de haberte llamado a Sus caminos porque cometiste un error o porque lo negaste?; ¿Tú crees que Dios te quiere quitar tu llamado por un error? Claro que no.  El Señor sabe que somos vasos imperfectos en increíble estado de necesidad de Él. Lo necesitamos a El.

Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. RM 11,29

Está claro que Dios no se arrepiente de haberte llamado, por ende no te arrepientas tú. Dios no se arrepiente de haberte llamado por mas de que hayas cometido un error, por más de que lo hayas negado, si no aprovechaste la oportunidad, si no brilló la luz como debía, ese tipo de circunstancias, como dijimos antes, hace que tu corazón se duerma. Pedro se durmió, regreso al barco, a la pesca, pero el amor de Jesús por Pedro hizo que Él volviera a buscarlo, Su amor es mucho más grande, hace cualquier cantidad de cosas para despertar tu corazón nuevamente. Dios sabe cual es tu “pesca”, sabe cual es tu lugar de comodidad y es capaz de ir hasta allí solo para concretar un encuentro contigo. La Biblia dice “Pedro”, pero exhortó a que lo personifiques, ponte en su lugar.

Jesús nos buscará, no se cansa de hacerlo y no importa donde queramos huir que nos encontrará.

Él te llamo y no retira de ti el llamado, hay muchos que quieren hacerte creer que ese llamado acabó y que “el tren pasa una sola vez”, pero Jesús no se cansa de pasar, de buscar, de insistir. Él no se arrepiente de haberte llamado, eres escogido y ungido por Él, llamado especialmente para cosas grandes.

En el barco mientras los apóstoles pescaban junto a Pedro, alguien se acerca y pide algo de comer, no reconocen quién era, luego esta persona le dice donde tirar las redes, y ellos llenan las redes de peces. Entonces Juan dijo a Pedro: “¡Es el Señor!” (Jn 21, 7) y Pedro al oír eso se tiro al mar y nadó hasta la orilla para ir con el Señor. Luego de comer con el Señor:

Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas   JN 21, 15-17

Jesús le pregunta esto a Pedro tres veces para restaurar la relación con Él. Jesús despertó el corazón de Pedro. El Señor nos dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap 3, 20). Jesús quiere tener convivencia, es decir, Él quiere convivir contigo. No te duermas, no dejes que el alrededor, la cotidianeidad, la rutina duerma tu corazón, más bien haz de ello una oración, una alabanza a Dios.

Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida.   PROV 4, 23

Recemos como el Salmo 51: Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu (v.10).


Artículo de Gabriel M. Acuña publicado el 15 de febrero de 2022 en la web:  www.focus.cathopic.com