Con estas palabras no pretendemos explicar ni suplantar el Evangelio diario, sino dar pautas para contemplar esta lectura, sabiendo que lo fundamental es leer, saborear y gustar internamente el Evangelio, descubriendo más hondamente como es el Señor.
Lunes de la semana VIII del Tiempo Ordinario (Ciclo A).
Lunes después de Pentecostés, María, Madre de la Iglesia
Lecturas: Jn 19, 25-39.
Recomenzamos el tiempo ordinario con esta fiesta: María, mujer abierta al Espíritu, Madre de la Iglesia.
Hoy se nos llama a fijarnos en esta lectura larga, en el entorno de la Pasión.
Hay dos partes: el Hijo entrega a la Madre al discípulos, a los discípulos.
Y de su entrega total, brota el agua y la sangre: brota el Bautismo y la Eucaristía, el alma y corazón de la Iglesia, la fuerza de los discípulos.
Hoy podemos contemplar así a Jesús: Aquel que tanto nos ama nos entrega a su propia Madre. De su amor radical brota la comunidad, el Bautismo, y el sacramento que nos mantiene unidos a Él, la Eucaristía.
Estemos con Él.
José Luis, vuestro Párroco
