El Papa pide a los españoles ser “cristianos al servicio del bien común”
“No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión”. En su homilía, el Papa también ha invitado al pueblo español “a cambiar la mirada” y acoger la presencia de Cristo “que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo”.
Destaca su encomienda para la España de hoy y de mañana: “que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”. El Papa ha explicado que la religiosidad debe ser “una escuela que nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”; también “una escuela que nos enseña la gratuidad del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo”; y por último “una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, sino a comprometernos personalmente en la construcción del bien común”.
León XIV también ha pedido a los españoles abrirse al encuentro con Jesús y dejarle que “hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría”. La exhortación final del Pontífice es “beber de nuevo de esta fuente eucarística, que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza” porque “la gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos”.
San Manuel y san Juan de la Cruz, ejemplos de fe perseverante
Una homilía en la que el Papa también ha recordado a Manuel González García y a Juan de la Cruz para subrayar una misma idea: la Eucaristía no se vive solo en actos solemnes, sino también en la fidelidad cotidiana y silenciosa. San Manuel representa la adoración humilde y constante; san Juan de la Cruz, desde su encarcelamiento, expresa que incluso en la noche y el sufrimiento se puede descubrir la presencia escondida de Dios.
